Nací en el mismo edificio en el que está Casa Leopoldo, un 6 de marzo de 1949. Cuando hacia los 5 años dejé por fin de gatear, mi abuelo ya me puso un cajón para que -trepada en él- fregara los vasos de los cafés. Al ir creciendo, pasé a trabajar solo los fines de semana, en la cocina, como hasta entonces lo hicieron las mujeres de la familia. En ese entonces iba a un colegio donde no daban de comer, así que mi abuelo llamaba a dos vecinas y les pasaba una cazuela para que comiéramos juntas. Luego cambié a un colegio francés. Fue cuando conocí a un torero portugués muy joven...
Además de seguir trabajando los fines de semana, hacía de traductora a los clientes franceses del restaurante.
Cuando tenía 20 años decidí irme a Inglaterra, donde pasé dos años largos. Quería demostrarme que podía vivir de mis capacidades. Y fue en cuanto regresé... volvió a cruzarse en mi camino el torero portugués.
Le había conocido con 14 años, cuando acompañaba a mi padre. Fue entonces, aquel mes de julio, cuando José Falcón, el torero, me dijo: «Rosa, no te quiero, pero te necesito...». El 29 de noviembre de 1973 nos casábamos. Ocho meses después lo mató un toro en la Plaza de Barcelona, y dos meses más tarde nació nuestra única hija...
Trabajé algunos años en una agencia de viajes, para independizarme un poco de la sobreprotección familiar, y con 27 años me reincorporé a Casa Leopoldo, a la sala. En esa época mandaban los hombres, y así fue hasta que fallecieron.
A partir de ese momento, retiré a las mujeres de la cocina y las recuperé para la sala, el lugar que les correspondía.
En 1997, a la muerte de mi padre, tomé las riendas y definí mi propia clientela, gran parte de ella procedente del mundo de la cultura, la farándula y el periodismo. Momento también de grave crisis, mi tarea fué recomponer el ritmo del establecimiento... Pero, ¡ojo!..., sin cambiar la atmósfera ni la esencia del restaurante.
Recuperé el patrimonio deteriorado, y la vitalidad de la Casa...soy hija única, mi hija también lo és, tengo un gerente estupendo, un gran maitre y un primer cocinero excepcional. Y cuando éste se retire, ya está formándose el que le sucederá, para que no cambie el perfil de Casa Leopoldo: familiar y paternalista...sencillo y amigo...